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Qué hacer por primera vez en Tokio DESTACADO

Tokio es una de las capitales más espectaculares del mundo, el summum de la vida urbana y, al mismo tiempo, una ciudad con remansos de armonía que parecen la llave hacia otro planeta. Para disfrutarla lo mejor posible en un viaje, es necesario tanto planificar –lo ideal es armar un itinerario tentativo diario– como dejarse llevar por algo de improvisación. En la lista no deben faltar los barrios del animé, como Akihabara; los jardines del Palacio Imperial; los templos tradicionales ni la extravagancia de Harajuku. Lo mejor, para ir familiarizándose, es empezar a explorar en torno del hotel elegido y desde allí ir ampliando el radio; pero hay lugares imprescindibles para vivir una auténtica experiencia tokiota.

Shibuya, la multitudinaria

En esta esquina se encuentra el “paso de cebra” más famoso y transitado del mundo. ¿Lo tradicional? Subir al primer piso del café Starbucks que está justo en la esquina y entretenerse mirando cómo va y viene la gente; después por supuesto hay que bajar y mezclarse con las mareas humanas que cruzan. A pocos metros, justo frente a la estación Shibuya, está la estatua de Hachiko, un perro que esperaba aquí a su dueño y se convirtió en el gran emblema de la fidelidad. Shibuya también es un excelente barrio para salir a cenar, a probar suerte en un karaoke o hacer shopping en el centro comercial Shibuya 109. 

Está cerca de otros dos lugares imperdibles: Shinjuku y Harajuku. Shinjuku tiene la estación de tren más transitada del mundo –la usan unos tres millones de personas a diario– y el edificio del Gobierno metropolitano de Tokio, con un mirador que permite ver toda la ciudad (otras opciones desde lo alto son la Tokyo Tower, con su forma de torre Eiffel, y la Tokyo Skytree). Cerca de la estación está lleno de callecitas comerciales con luces de neón. Harajuku, por su parte, es “el lugar” donde ir un domingo al mediodía, cuando los adolescentes otaku se juntan alrededor de la estación con sus trajes de cosplay. Se concentran especialmente en la calle Takeshita, pero hay negocios excéntricos y tradicionales, cafés y restaurantes por doquier. Muy cerca aparece la avenida Omotesando, los “Champs-Elysées de Tokio”, y del lado opuesto el Santuario de Meiji con un bellísimo parque.

Eléctrica o elegante

En el extremo opuesto de la ciudad en relación con Shibuya, Akihabara es otra meca del turismo, sobre todo para los amantes del animé y el manga, que no se detienen siquiera con las limitaciones idiomáticas. Bajo las luces de neón el barrio brilla, desde los locales de videojuegos a los numerosos maid cafés, pero también en los negocitos que aún quedan de venta de artículos y herramientas de electricidad. Para elegir la zona adecuada, mirar bien qué salida del metro corresponde o será muy difícil orientarse una vez afuera. Akihabara, a su vez, está cerca de la estación Tokio, la central de la ciudad, desde donde sale el famoso tren bala. De estilo occidental, se encuentra cerca del Palacio Imperial, cuyos jardines pueden visitarse y son uno de los más bellos paseos en primavera, la época de las cerezas, y en otoño, cuando el follaje se pone rojo.

De este lado de la ciudad está Ginza, el barrio más lujoso de Tokio, donde se suceden los negocios internacionales con vidrieras que causan asombro por su elegancia. Hay que verlo de día y de noche, cuando sus increíbles edificios –todos con alguna marca como Dior, Gucci, Vuitton o Armani a la cabeza– se iluminan y lo vuelven un auténtico espectáculo. 

Finalmente, en el nordeste de la ciudad hay que asomarse al Japón tradicional en el templo de Senso-Ji de Asakusa, donde se reúnen muchísimos japoneses y turistas, tanto para conocer las tradiciones budistas como para comer y hacer compras en la feria de las calles aledañas, sobre todo Nakamise. Por aquí también es posible ver a las mujeres en kimono, un rito japonés que tiene su propia historia, y probar dulces típicos como los taiyakis, “pececitos” rellenos con crema pastelera.