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Vacaciones y alcohol: cómo cuidar a los hijos adolescentes DESTACADO

El veraneo es una gran oportunidad para que nuestros chicos desplieguen sus alas y levanten vuelo. El arte de la buena paternidad consiste en ir acompañándolos en sus primeros vuelos y de a poco ir soltándolos a medida que los vamos viendo preparados.

Se conjugan dos cuestiones que, juntas, pueden convertirse en dinamita. En primer lugar, la conciencia moral se diluye en el grupo. Esto quiere decir que los chicos pueden no pensar bien y tomar malas decisiones al estar en grupo, para no perder su lugar, para no ser el único que no se anima, porque si todos lo hacen debe estar bien (tomando por natural lo que no necesariamente es normal). A diferencia del año escolar ellos pasan muchas horas juntos y sin supervisión ni referentes adultos.

En el ámbito de la sexualidad, algunos factores, como el hecho de que el sida haya pasado a ser una enfermedad crónica o que la pastilla del día después sea de venta libre, no ayudan a nuestros adolescentes a tener conciencia de los riesgos que corren.

Hay muchas cosas que los adultos podemos hacer:

Conversar con ellos de estos temas. En charlas cortas, sin lecciones de vida, en las que enseñamos nuestros valores y criterios, en las que preguntamos lo que piensan, sin escandalizarnos por sus respuestas, para saber dónde ajustar, de qué conviene que nos sigamos ocupando. Que los chicos tengan claro lo que pensamos y lo que esperamos de ellos, y las consecuencias o penitencias cuando no cumplan.

No soltarles la mano. También son nuestras vacaciones, pero los chicos y adolescentes necesitan nuestra supervisión. Es importante que sepamos dónde están, quién es el adulto a cargo, qué van a hacer, a qué hora vuelven o a qué hora los buscamos.

Permanecer cerca de ellos. Llevándolos y trayéndolos, abriendo nuestra casa para sus amigos, recibiéndolos cuando llegan. Nuestra cercanía los protege porque les complica las eventuales transgresiones a nuestras pautas y también porque no da espacio para que otros "asesores" (que no elegimos nosotros) se ocupen de esa tarea.

Los padres damos los lineamientos y hacemos todo lo posible para que nuestros hijos los sigan, no somos policías ni podemos estar pegados a ellos todas las vacaciones, pero si nos mantenemos cerca y vamos aflojando la supervisión cuando los vemos preparados, y si expusimos nuestras pautas con claridad, ellos las llevarán "puestas" cuando estén más lejos.